Soy Alfonso José Filiberto Del Castillo, me invitan desde esta Revista Rumbo  a contar mi experiencia Pastoral. Esta experiencia pastoral la comencé en Septiembre de 2018 en los Pueblos de Guijo de Galisteo, Morcillo y Valrío.
            Desde el primer día el Párroco de Montehermoso y las Religiosas del Sagrado Corazón me acogieron con los brazos abiertos y me ayudaron a ir tomando el pulso a la nueva etapa que comenzaba. Las gentes de los pueblos me acogieron con mucha ilusión y con mucho cariño, así como los sacerdotes del arciprestazgo.
            Antes de continuar no quisiera dejar de agradecer a las Monjas franciscanas del convento Madre de Dios de Coria, por su cercanía, acogida y sus oraciones por este que os escribe.
            La vida en las parroquias las he ido alternando con la vida en el Seminario, los primeros días de la semana los pasaba en el seminario y el miércoles por la tarde me marchaba para los pueblos hasta el domingo.
            Las primeras semanas las comenzamos organizando las catequesis de comunión y de confirmación, en los distintos pueblos y también las celebraciones litúrgicas.  Fueron pasando los meses y llegó el mes de Diciembre. El día 9 recibí de manos de nuestro Obispo D. Francisco Cerro el orden del diaconado. Para la ordenación quisimos hacer participes a todas las personas de los pueblos, incluso para la celebración litúrgica, en la cual cantó un coro magnifico formado por los coros de los distintos pueblos.
            Desde el primer momento he intentado fomentar la cercanía y el encuentro con las personas y con sus necesidades, he querido fomentar el dialogo donde poder transmitir la sencillez y el mensaje evangélico, pero siempre desde el respeto y el cariño.
            No quiero dejar pasar esta oportunidad, para dar Gracias al Señor por todas las personas que ha ido poniendo en mi camino, sobre todo de estos pueblos que para mí se quedaran grabados en mi Corazón para siempre. Sobre todo dar Gracias por D. José Manuel, Hna. Manu y Hna. Otilia, por la paciencia que han tenido conmigo y por todo lo que me han enseñado este tiempo. Puedo decir que lo más importante que he podido aprender es que las necesidades de la gente están por encima de las prescripciones rituales. Y esto no solo de palabra sino con la propia experiencia.
            Dar la vida es lo más bonito que me ha podido pasar. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” y Jesús entregó su vida.
            Es esta vida entregada en el día a día, en la cotidianidad, por todos aquellos que necesitan de la solidaridad, del amor o del consuelo; es esta vida entregada hasta las últimas consecuencias, la que nos salva y la que tiene que remover nuestros corazones para convertirnos al Dios de Jesucristo y conformar nuestra vida según Él.
            La vocación al sacerdocio es quizás la más difícil de entender, ya que el Señor te llama a vaciarte de ti, renunciando a los egoísmos, al interés, y al éxito personal para llenarte de Él, de su palabra y así dar testimonio del Evangelio con tu vida.
            A los jóvenes que puedan leer esto solo les aconsejo que le pidan al Señor tener una experiencia de Dios en sus Vidas y dejar que el Señor os muestre lo que ÉL quiero para vosotros.
            Yo he dicho: Sí, aquí estoy para hacer tu Voluntad.

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