Nuestro Seminario Diocesano, desde “signos pobres”, va poco a poco, siendo en la Diócesis, lo que tiene que ser; el Corazón de nuestra Iglesia de Coria – Cáceres. Si no potenciamos entre todos el Seminario, no tenemos futuro. No cumpliremos con la misión del Señor.

Si en el curso pasado os hablaba de la formación que desea la Iglesia para aquellos que se forman para ser sacerdotes “con los sentimientos de Cristo”; diciéndoos que el seminarista tenía que aspirar a ser santo, sabio y sano, para poder servir a los más necesitados.

Este año, donde nuestro plan diocesano potencia a los laicos, al asociacionismo cristiano y al gran jubileo diocesano en Coria, en nuestro Seminario Mayor y Menor, debemos tender a vivir todos, también los diocesanos que anhelamos cada vez más vocaciones al sacerdocio, a construir la Iglesia que tiene como centro la Eucaristía y el perdón de los pecados:


  • Primero, un acto de fe y confianza en que el Señor sigue llamando a tantos a seguirle y que la fidelidad de unos depende de todos. Toda la Iglesia que camina en Coria – Cáceres, debe vivir la confianza plena de que el Señor no nos deja abandonados nunca, que Él siempre tiene una respuesta esperanzadora en el devenir de los tiempos, porque Él es el dueño de la historia y de su Iglesia.
  • Segundo, tenemos que echar la carne en el asador, para que desde todos los ambientes: espirituales, formativos y pastorales, entre todos (rector, formadores, director espiritual, claustro de profesores, personal no docente) ayudemos a que el Seminario sea un auténtico presbiterio en gestación, donde los seminaristas se vayan conformando según el Corazón de Cristo.
Y por último, en este tiempo que nos ha tocado vivir, como verdaderamente tiempo de gracia, donde tenemos que hacer frente a los grandes retos de hoy, nos vemos provisto del mayor tesoro, el saber que cuando llevamos a Jesús, hasta el último rincón de nuestra tierra, estamos dando todo lo que el corazón humano desea.

Que la Virgen Inmaculada nos ayude en tan hermosa tarea.
 
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